Un nuevo nombre en español para los robles/encinos: “querco”

En octubre de 2018 presenté en el 9o Congreso de la International Oak Society en UC Davis, California, un análisis de los nombres comunes de los Quercus en Europa Occidental, y del problema que existe en español para nombrar este género de árboles que incluye a los robles, encinas, alcornoques, etc. La presentación (en inglés) incluyó una propuesta para solucionar esta dificultad. A continuación, comparto las diapositivas de la presentación, traducidas al español, y una traducción del texto que las acompañaba. Haciendo click en las imágenes, se podrán ampliar en ventana nueva.

 

Las principales lenguas de Europa Occidental se dividen en dos grupos: las lenguas germánicas en el norte, y en el sur las romances. En el sur hay más especies de Quercus para nombrar y son más diversas, tanto caducifolias como de hoja perenne, mientras que en el norte, las pocas especies nativas de Quercus son todas caducifolias.

 

Los nombres comunes de las plantas siguen un sistema en el cual la unidad principal es el género popular: el grupo más pequeño de plantas parece necesitar un nombre distintivo. Suele corresponder a una especie botánica, o tomar un modificador para convertirse en un nombre binario y “especie popular”, como en este ejemplo en inglés norteamericano.

 

El idioma protoindoeuropeo o pIE es una lengua madre hipotéticamente construida de la cual evolucionaron las principales lenguas de Europa Occidental. La mayoría de los nombres comunes de Quercus derivan de tres palabras en pIE que significaban roble/encino o árbol, y otros conceptos más amplios. He combinado la raíz *kar (que significa “duro”) con la raíz *perkw, ya que sospecho que están relacionadas. El asterisco indica que no hay evidencia de que estas palabras hayan existido.

 

He analizado más de 200 nombres de Quercus, pero quiero que se fijen en el origen de los nombres. Por esa razón he usado distintos colores para las tres raíces principales en pIE. En inglés la situación es simple. El género popular, “oak”, deriva del pIE *ayg y se modifica para formar nombres binarios que describen dos especies similares: Quercus robur y Q. petraea, las únicas especies nativas en Gran Bretaña.

 

Lo mismo se puede decir de los idiomas escandinavos: un género popular incluye dos especies de Quercus distinguidas según la estación (verano/invierno) o una característica morfológica como el tallo de la cúpula, o hábitat; por ejemplo, en sueco tenemos “roble de bosque” para Q. robur y “roble de montaña” para Q. petraea.

 

El sistema fácilmente se acomoda a nuevas especies, como ocurre en alemán y holandés, especialmente si las especies se ajustan al concepto del grupo más pequeño de plantas que requiere un nombre distintivo. Simplemente se encuentra un nuevo modificador para Q. pubescens (aterciopelado, en referencia a la superficie de las hojas), o “Zerreiche” en alemán para Q. cerris, derivado del nombre en latín.

 

En italiano hay más especies que nombrar, pero sigue habiendo un género popular, “quercia”, derivado de la raíz protoindoeuropea *perkw. Otros nombre derivan de otras raíces pero sólo se refieren a ciertas especies, como “rovere” que deriva de una raíz que significa “rojo”, en referencia al color de la madera.

 

En francés existe una mayor diversidad de nombres, y algunas derivan de otra raíz protoindoeuropea, *dorw, que también es la raíz de la palabra inglesa “tree” (árbol). Pero aún persiste un concepto de género popular que describe a todos los Quercus: todas las especies se pueden nombrar utilizando un binomio basado en “chêne”, aunque también tienen nombres alternativos que derivan de otras raíces.

 

Lo mismo ocurre en portugués: casi todas las especies se pueden nombrar bajo una forma del género popular, “carvalho”, cuyo origen es el mismo que el de “chêne”, y “quercia”. Vean que también en portugués hay un nombre que deriva de la raíz que significa rojo: “roble”.

 

En español las cosas se complican y pareciera que se pierde el eje. “Roble”, un nombre derivado de un modificador, compite con los nombres derivados de la raíz protoindoeuropea que describía los Quercus, y parece haberse convertido en el género popular. Pero únicamente las especies caducifolias de Quercus llevan nombres basados en “roble”, no las de hoja perenne.

 

Cuando una nueva especie de Quercus se incorpora en un idioma a través de la introducción o la colonización, se necesitan nuevos nombres. En la mayoría de los casos, se establece un nuevo modificador para el género popular, pero vean lo que ocurre con el español en México: la mayor parte de los nombres utilizan “encino”, un nombre que originalmente se refería exclusivamente a Quercus ilex o encina, una especie de hoja perenne. Pero también se usa “roble”, a veces para la misma especie.

 

En lo que a Quercus se refiere, los países de habla hispana son naciones divididas por un mismo lenguaje. En México y la mayor parte de Centroamérica se usa “encino” como género popular, mientras que en España y Sudamérica se usa “roble”. Ambas palabras carecen de buenas raíces etimológicas. No derivan de una antigua palabra que signifique Quercus o árbol.

 

La palabra “roble” es especialmente problemática. En un parque en el norte de España, llegué a discutir con un guía que me aseguraba que allí no había “robles”. Cuando le indiqué un Quercus pyrenaica que encontré allí, me dijo: “Ah, pero ése no es un roble, ¡es un marojo!”. No podíamos utilizar un género popular para comunicarnos. Y en Panamá un “roble” ¡tiene flores rosadas!

 

El idioma español necesita un nuevo nombre para los Quercus. Tomemos el nombre en latín y convirtámoslo al español, que es lo mismo que ocurre con muchos otros nombres de árboles en español. La terminación “-us” se convierte en “-o”, y el “que” inicial (“cue” en latín) se convierte en una “c” fuerte, siguiendo la típica evolución del latín al español: *querco. El asterisco indica que la palabra aún no existe…

 

…pero si remplazamos el asterisco con un hashtag, tal vez eso ayude a dar a conocer el término y a su incorporación en el uso diario. Ahí lo tienen: “querco” una nueva palabra en español para referirse a los Quercus, un nombre que tiene profundas raíces etimológicas y que pueden utilizar los hispanoparlantes de todo el mundo para referirse a todas las especies de Quercus.

Nota: esta no es la primera vez que se intenta solucionar el problema del nombre de los Quercus en español. El investigador español Teo Marañón ya lo había hecho en 2003, con una propuesta muy parecida, en su blog Los árboles invisibles.